martes, 12 de abril de 2016

Alguien quiere hacerme sonreir


Imagen tomada de Pinterest

"Pues resulta que había una vez, un reino por allá en el muy muy lejano, había una princesa llamada Andreina..." 

Así empezó anoche una historia que me quisieron contar para hacerme dormir y sonreír; a mis 34, casi 35 años de edad, ya he dejado de creer en tanto cuento, aunque no parezca, tengo experiencia en palabras bonitas y promesas incumplidas y como dicen por ahí, ya no como entero.

Al igual como la princesa va ganando kilos y experiencias, la ilusión de un príncipe azul se va destiñendo a medida que transcurren los años, poco a poco me he dado cuenta que la ganancia no esta en un "y vivieron felices por siempre" y que ese ser de luz y ensueño difícilmente llegara tal como lo imagine desde niña.

Eso no quiere decir que me he dado por vencida y que estoy dispuesta a quedarme sola o a quedarme con un personaje cualquiera, lo que he aprendido es que como mujer imperfecta, debo aprender a buscar mi justa medida de imperfección, a jamás dejar de creer en el amor, y seguir fortaleciendo en lo profundo de mi corazón la esperanza de un compañero de vida para mi. 

Ayer mientras leía el cuento que me escribían con desparpajo, naturalidad y un deseo inmenso de darse a conocer como un prospecto de alta calidad, me di cuenta que es justo eso lo que quiero, un compañero que este dispuesto a caminar a mi lado, a hacerme sonreír, a levantarme el ánimo cuando me sienta derrotada, a hacerme cosquillas así este bejuquisima y a labrar un camino de respeto y tolerancia.

Llegue a la conclusión que ya no quiero un príncipe azul que cante bonito, no quiero un galán de novela que llore a mares por mi y menee su melena mientras lo hace, yo quiero un dragón, uno, cuyos errores lo hagan mas real, cuyas experiencias le hayan dejado cicatrices de sabiduría, yo quiero un hombre que sea realmente imperfecto para que juntos crezcamos como personas y andemos de la mano enamorados de nuestra cruda, franca y verdadera felicidad.

La historia que anoche me escribieron termino durmiéndome y no por aburrida, no, anoche dormí con una sonrisa en mi rostro, la sonrisa que justo el escritor quería robarme... Ojala me siga escribiendo, no para convencerme, sino para llevarme por el camino de mi imaginación...

A mi cuentero fortuito, muchas gracias, 

Por aquí seguiré escribiendo... 

Imagen tomada de Pinterest







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